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13. LA CONGREGACIÓN JOSEFINA FUERA DE PIAMONTE. OTRAS INSTITUCIONES

CAPÍTULO 13

LA CONGREGACIÓN JOSEFINA FUERA DE PIAMONTE. OTRAS INSTITUCIONES

1. ODERZO

Hacía ya cuatro años que los Josefinos se habían establecido en Venecia, cuando una nueva propuesta llegó al escritorio del P. Fundador. Mons. Segismundo de los Condes de Brandolini-Rota, Obispo de Ceneda se había dirigido ya a varios Institutos Religiosos en demanda de personal para una obra educativa de erigirse en Oderzo, segunda ciudad de su Diócesis. Se había puesto al habla también con los Padres Cavanis, que con enorme acierto dirigían las escuelas públicas de Venecia; pero, no pudiendo dichos Padres aceptar la propuesta, con singular benevolencia hacia nuestra humilde Congregación la hicieron presente ante Mons. Brandolini-Rota. El mismo Superior de los Cavanis, P. Sebastián Vasara fue a hablar con el Director del Patronato Pío IX y en seguida se comenzó el trámite pro fundación de una Comunidad de Josefinos en Oderzo, con inmensa satisfacción del Sr. Obispo, como puede suponerse.

Por una y otra causa el trámite duró dos años, al cabo de los cuales, a nombre del Sr. Obispo de Céneda, se procedió a la compra de una hermosa villa, con amplio terreno adjunto, frente a los parques y paseos públicos. brandolini rota1

El 5 de Julio de 1888 el mismo S. L. Murialdo se dirigió a Ceneda, para conferenciar personalmente con el ilustre y celoso Obispo, que desde ese primer encuentro quedó impresionado por la santidad de Murialdo y le profesó una veneración tan profunda que no se desmintió jamás.

L. Murialdo comprobó que la propuesta descansaba sobre sólidas bases y tomó nota de las cláusulas del convenio, de las condiciones peculiares de la nueva obra y en fin de los más mínimos detalles.

Hizo constar por escrito que la Congregación tenía el mayor interés por aceptar la generosa oferta de un corazón tan noble como el de Mons. Brandolini-Rota, tanto más que en ese tiempo era Decano de Oderzo Mons. José Moretti, «tan entusiasta como el Sr. Obispo; de no menos capacidad y dispuesto a ayudarnos», como expresó nuestro Fundador.

Solamente había que salvar un óbice: la humildad de Murialdo, quien pensaba que la modesta Congregación Josefina quizá no hubiera podido corresponder a la confianza que en ella se depositaba por parte de personas tan ilustres y beneméritas.

Convocó al Consejo de la Pía Sociedad y pidió su veredicto antes de tomar una decisión definitiva.

El Consejo aprobó el proyecto y decidió que los primeros religiosos se dirigirían a Oderzo en otoño de 1889.

Así sucedió, efectivamente. El 1° de octubre de dicho año, el sacerdote que llevaba el nombramiento de Director de la nueva obra, se dirigió a Mons. Brandolini para pedir su bendición como prenda de felicidad en el apostolado que se iba a empezar.

Al principio no se sabía qué dirección imprimir a la nueva obra: se pensaba en una Escuela de Agricultura, luego en un Colegio para internos. También se discutió sobre la conveniencia de un Oratorio Festivo o un Patronato».

2. Patronato de la Sagrada Familia en Oderzo

Mons. Brandolini-Rota no había querido indicar su propósito al fundar la obra; lo que únicamente insinuó a Murialdo fue: «Haced algo por esta juventud que me es tan querida». Murialdo, pues, tomó la decisión: Fundar un Patronato para días feriados y festivos, como el de Venecia. «La Divina Providencia decidirá más tarde un cambio oportuno, si fuera necesario», dijo.

¿Su nombre? "Patronato de la Sagrada Familia.

Así nació nuestra Obra de Oderzo, y para que las bendiciones de la Virgen María se derramaran copiosas sobre la nueva fundación, todos los hermanos, al día siguiente de su llegada, hicieron una peregrinación al Santuario de Motta de Livenza.

El 6 de Octubre, domingo, se dio principio al Patronato con una treintena de jóvenes. Día tras día y, no sólo en las fiestas, acudían los jóvenes con la ilusión de encontrar en el nuevo Patronato un momento de solaz, al amparo de las insidias de los salones, cafés,...etc.

Los patios, al perecer, enormes, eran invadidos y atestados por una verdadera turba multa de niños y jóvenes retozones e inteligentes, y lo que valía más, tan dóciles, que, una vez terminadas las faenas escolares, tomaban tranquilamente su puesto en la sala de Catequesis. Terminado ésta reanudaban clamorosamente sus diversiones con la algarabía propia de su edad.

La obra procedía sin tropiezos y los superiores tenían el consuelo de comprobar el enorme provecho que sacaban los alumnos, niños o jóvenes, aun cuando éstos debían sostener cruda lucha para mantenerse buenos en el mundo.

3. Colegio Internado

A los pocos años, sin saber de dónde, surgió la idea de fundar un colegio internado para la juventud de las clases sociales más elevadas. San Leonardo Murialdo quedó pensativo ante tal proyecto, pues los Josefinos tenían como primordial campo de apostolado el de los Patronatos para niños pobres y abandonados. Como tampoco se contaba todavía con personal preparado para un Colegio de esa naturaleza, pensó que mejor sería abandonar el proyecto a fin que esa clase de apostolado la ejercieran aquellas Congregaciones fundadas para ese fin específico. Mas luego, recapacitando con enorme espíritu de fe, que una tal fundación podría significar la manifestación clara de la voluntad de Dios, ya que la Congregación, ni por pienso, había proyectado semejante obra, decidió inaugurarla.

Inmediatamente las familias más honorables de la localidad se dirigieron a los Josefinos en demanda de educación católica, en circunstancias que ninguna otra Congregación los había podido atender. Estaban cansados de enviar a sus hijos a ciertos colegios creados con fines meramente especulativos. Así las cosas, Leonardo Murialdo, pensó acatar una disposición de Dios y resolvió que juntamente con el Internado, funcionara, sin interrupción, el Patronato de la Sagrada Familia.

El Internado empezó a funcionar en 1891 con escaso número de alumnos; pero apenas al cabo de dos años tomó tanto desarrollo que se hacía indispensable construir un nuevo pabellón para dormitorios, clases y comedores.

Dios tan magnífico con sus siervos permitió que al poco tiempo se echasen los cimientos de un importante edificio de 100 metros de largo, paralelo al ya existente y en el mismo parque o avenida de los paseos públicos. Los patios resultaron amplios y se les dotó de toda clase de instalaciones deportivas y gimnásticas. Como digna corona de todo, se levantó una columna, para que. en su cúspide campee una hermosa estatua de María Inmaculada.

Así las cosas, los pensionistas empezaron a afluir de lugares muy distantes y aún del extranjero, y en poco tiempo llegaron a un centenar.

Pronto los locales resultaron nuevamente estrechos, razón por la cual, y gracias a la generosidad del Obispo de Ceneda, se levantó un nuevo pabellón, siguiendo los planos de nuestro Hermano Coadjutor Sr. Massoglia.

El conjunto edilicio resultó estupendo y artístico. Un torreón para reloj público, en donde se esculpió el escudo de la casa Brandolini-Rota, remataba el armonioso conjunto.

San L. Murialdo visitaba cada año la casa de Oderzo, cuando allí se reunían todos los Josefinos de Piamonte en los meses de verano para los santos Ejercicios Espirituales. De vez en cuando, cediendo a reiteradas invitaciones a Mons. Brandolini se dirigía también a su castillo de Ceneda, para complacer y alegrar con su santa conversación al piadoso Prelado. Otras veces, en cambio, esos encuentros se tenían en el mismo Instituto de Oderzo, cuando el Sr. Obispo venía a descansar algún tanto de sus labores apostólicas, pues gozaba sobremanera con la compañía de los jóvenes.

4. Patronato León XIII de Vicenza

Poco tiempo hacía que los Padres Josefinos habían fundado la obra de Oderzo, cuando Murialdo recibió una nueva invitación para trabajar en la ciudad de Vicenza: una familia muy rica y muy cristiana se hallaba muy dispuesta a subvencionar la construcción de una obra en beneficio de la juventud, se trataba de la familia Caldonazzo. Como por sí misma no podía llevar a efecto tan pi6dosa empresa se la confío incondicionalmente al benemérito párroco Don Juan María Genari.

Se formó de inmediato un Comité compuesto por los más eminentes eclesiásticos y seglares de la ciudad. Para presidente de honor fue nombrado el Obispo de Vicenza y la presidencia efectiva la ocupó Mons. De Luchi, profesor del Seminario de la misma ciudad.

Sin pérdida de tiempo se enviaron sendos oficios a varias Congregaciones religiosas para que se hicieran cargo de la obra. Entre ellas se encontraba la Pía Sociedad Salesiana, que no estaba en condiciones de aceptar la obra.patr leon13

Un sacerdote del Oratorio que había visitado nuestro Patronato de Venecia en 1887, puso al corriente del Comité que tal vez los Josefinos pudieran dirigir la nueva fundación. Se elevó la respectiva solicitud al Fundador; pero éste, que no aceptaba nuevos Institutos sino como forzado por las circunstancias optó en un principio, por negar su consentimiento. Mas, cuando vio que la voluntad de Dios se manifestaba claramente a través de repetidas súplicas, se decidió a visitar Vicenza, en Junio de 1889, para tratar del asunto con el Sr. Obispo. El Prelado Mons. Antonio De Poi, le prodigó infinitas atenciones, y luego de breve conservación, se estipulaban definitivamente las condiciones de aceptación del Patronato.

La obra consistía en un regular edificio y terreno adjunto que había sido comprado al Senador Tecchi. Se hallaba ubicado en las risueñas márgenes del Río Bacchiglione, hacia el centro de la ciudad. Una vez aceptada la obra, de inmediato se dio comienzo a construir nuevos edificios para aulas escolares y salas de recreo.

La Capilla, que también se la construyó ad hoc, fue dedicada por San Leonardo Murialdo al Sagrado Corazón de Jesús. El Patronato, en cambio, llevaría el nombre del glorioso Pontífice León XIII, cuyo jubileo Papal se había celebrado poco antes, con inmensa pompa, en todo el mundo.

El primer Director tomó posesión de la casa el 30 de noviembre de 1890, y el 6 de octubre del siguiente año, se abrieron por primera vez las puertas del Oratorio. Afluyó inmediatamente un gran número de niños. El 14 del mismo mes Mons. María Poi bendijo solemnemente el Patronato y lo declaró oficialmente inaugurado.

El fin primario de la Institución, según la mente de los fundadores, había sido continuar la educación que los infantes recibían en el asilo; pues sucedía en esos tiempos que los niños, cumplida esta breve etapa de formación religiosa a la edad de seis años, debían abandonar el jardín para empezar a vagar por las calles y ser víctimas de la miseria y la corrupción. Mediante el Patronato, en cambio, por medio de sus escuelas, talleres, instrucción religiosa y sanas diversiones, se completaría eficazmente la educación de los niños. Así pues, los Josefinos se entregaron a la labor de las escuelas con todo el empeño y ardor que caracterizan el celo apostólico.

Para el 7 de Octubre las matrículas llegaron al número de 40, pero bien pronto las peticiones iban multiplicándose hasta que, cuando subieron a 100, los niños fueron repartidos en dos secciones para el solo primer grado. De allí en adelante se iban creando los grados sucesivos cada año hasta completar el ciclo elemental. A los cinco años la escuelita contaba 300 alumnos. En 1900, a saber el año de la muerte del Fundador, ya eran 350.

Junto a la escuela se creó también un Patronato nocturno y dominical para nuestros propios alumnos y otros numerosos de las escuelas públicas, o para niños que trabajaban en algún taller. Todos ellos recibían instrucción religiosa, gozaban de honesto solaz y se iniciaban en la práctica de las virtudes cristianas.

En 1892 el Director de este Patronato fue destinado a Bassano. San Leonardo Murialdo lo sustituyó con el dinámico P. Jerónimo Apolloni. Su energía y buen tino señalaron nuevos rumbos de gloria para el Patronato, pues desde entonces se creó una sección para adultos, se fundó una escuela media con el fin de reclutar vocaciones religiosas, se empezó la construcción de vastos locales y se fundaron suscripciones y becas para los jóvenes pobres.

El 24 de noviembre de 1895 es fecha de grata recordación para el Patronato. Allí, el Canciller de la Curia de Vicenza, Prof. Antonio De Marchi, pronunció un estupendo discurso, en el que, expresándose en forma por demás benévola para los Josefinos encomiaba los resultados de su educación y señalaba las principales necesidades que

aún subsistían.

Aquí me place citar algunos fragmentos de dicho discurso; ya que si algo hacemos nosotros, todo queremos que redunde en gloria de Dios y honra de nuestro nunca suficientemente llorado padre Fundador, que todo lo dirigía con sabiduría, prudencia y fervorosa oración.

He aquí cómo se expresó el Orador: «Si bien el Patronato funcionaba regularmente antes que los Josefinos lo tomaran a su cargo; a nadie se oculta que era deseo común que los mismos se pongan a la cabeza de esta magnífica obra.

«Había estrechez de locales y falta de dinero. En cambio la fe en la Providencia se agigantaba de día en día. ¿Cómo hubiera sido posible que en la Patria de San Cayetano, el Santo vulgarmente llamado de la Divina Providencia, vinieran a menos los recursos materiales? ¡Cuán admirables son los caminos del Señor! Él nos ha abierto el camino y nos lo ha dejado expedito, siempre que lo hemos requerido. El año pasado hemos sido testigos del descalabro que disolvió la obra de Juventud Obrera católica de Santa Lucía. ¡Cuán doloroso fue ello! Mas Dios, que de los males saca bienes, nos condujo al Patronato León XIII. Si nosotros pudiéramos hacer revivir la sección obrera aquí, tal vez crecería lozana y diera maravillosos frutos. El Patronato, una vez más, sería la enseña gloriosa del Gran Pontífice Reinante que se llama el Papa de los obreros. Cuando se me planteó la idea me pareció deslumbradora, pues el Patronato dispone de terrenos para las respectivas construcciones, y cuenta con una dirección inmejorable: la Congregación Josefina.patr leon13 2

«Cuando pusimos al corriente de este proyecto al Sr. Obispo de la ciudad, Su Excelencia acogió la idea con arrebato, la bendijo y la aplaudió.

Se la planteó a la Congregación Josefina. La Junta de Administración se puso al trabajo febrilmente. Los Josefinos, como era de esperar, aceptaron dirigir esta obra con su peculiar entusiasmo juvenil.

A primeros de noviembre se empezó la construcción de un galpón de media agua y el 8 de Diciembre de ese mismo año de 1894, se inauguró la Sección Obrera.

Aunque el invierno fue muy crudo, los trabajos siguieron su ritmo normal, hasta que el 25 de abril del presente año de 1895 Mons. Camera, en nombre del Excmo. Sr. Obispo y a la presencia de numerosas representaciones de las Organizaciones Católicas reunidas aquí para un Congreso, bendijo la primera piedra del tramo que veis construido. Este edificio, primera etapa del grandioso proyecto, que comprende además una iglesia y un teatro, abrirá sus puertas a los jóvenes que buscan unos momentos de merecido solaz, después del trabajo arduo de todo un día.

Aun los días de fiesta, o cuando la crudeza del invierno lo aconsejen, podrán nuestros muchachos gozar siempre de los beneficios de este Patronato. El salón, en donde estos momentos nos encontramos, servirá por lo pronto de Capilla para todo el Instituto. ¡Cuántas oraciones no se elevarán al Altísimo por nuestros Bienhechores! En cambio, el local que hasta ahora ha funcionado como Capilla se transformará en aulas, descongestionado así la estrechez de clases.

«¿Qué os parece, oh ilustres Señores? ¿No son estos milagros de la caridad cristiana, del nunca desmentido entusiasmo de la católica Vicenza, que ha cristalizado nuestros anhelos en obra tan enorme de servicio social? Cuántos se preguntan aún hoy día: "¿De dónde se procuran los medios estos hombres, santamente audaces, para llevar adelante tan atrevidos proyectos?" Vosotros veis bien que la pregunta tiene razón de hacerse, mas al mismo tiempo estáis muy bien convencidos que la audacia santa es bendecida siempre por Dios, el cual, si puede suscitar hijos de Abrahán de las mismas piedras, bien puede hacer brotar de las mismas piedras cualquier auxilio material para las obras de su gloria.

«¿No habéis acaso leído el periodiquillo que se titula L' Avvenire?» Allí están consignadas las innumerables donaciones para esta obra: ladrillos, cal, arena, piedra, madera, mano de obra, dinero, herramientas, una legión de bienhechores de toda clase y condición social. Aún los partidos políticos, si así cabe expresarse, se han unido para impulsar esta obra que tiene por fundamento la caridad de Cristo. Loor pues a tan generosos bienhechores. Mas, aplaudiendo de corazón, como lo hacemos, el enorme entusiasmo reinante, debemos ser sinceros y exteriorizar también nuestros temores y preocupaciones. Las construcciones, como ya os dije, y vosotros lo estáis viendo, no están aún terminadas.

Este mismo tramo que lo veis sustancialmente terminado, dista mucho de estar equipado convenientemente. y debo deciros que, lo que más honda preocupación causa en estos momentos, es que, en estos muros están escritas unas palabras invisibles pero terriblemente verdaderas: 14.000 liras de deuda !

Si esta fuera una obra netamente humana, hubiera bastante como para desalentarse. Sería de abandonarlo todo en el punto a que hemos llegado. Mas no esta obra, comenzada bajo la protección del cielo, tiene su destino asegurado en la Divina Providencia.

¡Ea, pues!, Corazones generosos y magnánimos, proseguid con renovado entusiasmo, redoblad, si fuera posible, vuestras donaciones y así, con seguridad, no naufragaremos en el puerto al que ya gloriosamente hemos llegado».

Siguieron adelante los trabajos de fábrica. Se incrementaron los juegos deportivos, mediante aparatos y más implementos necesarios. Los jóvenes comenzaron a afluir en gran número, de manera que ya precisaba dividirlos en pelotones o secciones. Se puso en pie una biblioteca ambulante y se incrementó la educación artística con el teatro. El año de 1897, se inauguró también una piscina, en donde pudieron atender a la higiene del cuerpo sin perder la salud del alma ya que el río Astichello parecía un balneario donde había revivido el paganismo.

La música, por fin, puso una nota más atrayente en el Patronato. Si bien desde su comienzo ya existía una Schola Cantorum; en 1897, se creó la banda de guerra que en 1898, se transformó en una banda de música. Sus componentes en breve tiempo crecieron en número y habilidad, alegrando maravillosamente las fiestas del Patronato, los paseos y jiras que se efectuaban a varias ciudades. No faltaron contratos ocasionales con varias Instituciones católicas. Mas por 1895 el patronato soportó una grave crisis económica: una enorme deuda pesaba sobre él; pero Dios, que bendice las santas empresas que se emprenden por su gloria, no sólo ayudó a cubrirla, sino que el Director de la obra pidió permiso para contraer otro empréstito y seguir adelante las construcciones. No anduvo desacertado, pues, antes de morir tuvo el consuelo de ver que el préstamo estaba cubierto y los trabajos terminados.

En 1889 se había fundado el Colegio de Oderzo, en 1800 el Patronato de Vicenza y en , 1891 se fundó una nueva casa en Bassano.

5. El Patronato de Bassano

Allí, un piadoso sacerdote que respondía al nombre de Angel Centofanti, había fundado un pequeño Oratorio Festivo en los alrededores de la Casa Parroquial de Santa María de la Estrada. Lo dirigió con solicitud y acierto hasta 1876. En este año Mons. Juan Bautista Gobbi, Abad Mitrado y Arcipreste de Bassano, suplicó a los Padres Estigmatinos de Verona, que se hicieran cargo del Oratorio.

Así lo hicieron dichos Padres. Como centro de operaciones eligieron una casa de propiedad del Sr. Arcipreste frente a los muros del Bastione. Allí dispusieron su habitación y fundaron también un pequeño seminario menor, que tuvo un fugaz esplendor.

En 1888 los celosos sacerdotes tuvieron que retirarse y el Oratorio Festivo quedó a cargo del Círculo de la Juventud Católica de Bassano. Fue nombrado para director provisional Mons. Luis Marini, asesorado por Mons. Ferrari. Así y todo deseando ampliar el círculo de benéfica influencia del Oratorio y para asegurar su misma existencia, el celoso Arcipreste, cuya alma vivía abrasada por el amor de Dios y de las almas, buscaba una ocasión propicia para confiarlo a una Congregación Religiosa.

Las gestiones ante varias Congregaciones Religiosas habían sido estériles; más una vez Mons. Alberto Cucito de Venecia habló a Mons. Marini acerca de los Padres Josefinos. Éste en 1891 entabló de inmediato correspondencia al respecto con San Leonardo Murialdo. Las cosas procedían normalmente hasta que Mons. Gobbi con carta fechada en 24 de octubre del mismo 1891 aceptaba las condiciones propuestas por nuestro Fundador. En el documento respectivo Mons. Gobbi dice entre otras cosas:

«Yo tengo la más firme convicción de que esta benemérita Congregación sea el instrumento escogido por Dios para realizar el sueño que he acariciado por tanto tiempo.

Ya no era posible esperar más. Nuestra juventud caminaba derecho a despeñarse en el infierno, mas, ahora presentimos que empezarán a florecer las más selectas virtudes entre nuestros amados jóvenes.»

Se dio inicio a la obra de Bassano el 14 de Noviembre de 1891. La primera morada fue la misma casa en donde ya habían trabajado los Padres Estigmatizados. La afluencia de jóvenes era consoladora y se proveyó para que también el Patronato funcionara en las horas de la noche, como en Venecia.

De allí a dos años, a saber desde 1893, se instaló una sección de repeticiones para alumnos aplazados o suspensos, y, por fin, para 1894 se pudo abrir una verdadera escuelita para las clases populares. Mas los locales vinieron a quedar estrechos: los niños aumentaban cada día y no había lugar para colocarlos.

El Arcipreste vino a solucionar, en parte el problema, ofreciendo generosamente al

Oratorio un hermoso solar que poseía a la entrada de la ciudad. Allí se levantaría un local enteramente nuevo, dotado de amplios y hermosos campos de juego.

Dios bendijo maravillosamente este anhelo y así, apenas dos años más tarde, Mons. Gobbi ya bendijo el edificio, celebró la Santa Misa ante numerosos jóvenes y ante los Padres Josefinos que tomaban posesión del hermoso Patronato y se cantó un solemne Te Deum.

La nueva casa se convirtió en centro de atracción de las juventudes.

Para 1900 (año de la muerte de Murialdo) funcionaban tres grados de Escuela primaria con más de 100 alumnos; por la noche se reunían unos 300, y como corona de todo ello florecía una Asociación Religiosa de jóvenes que era el orgullo de la Institución.

San Leonardo Murialdo dirigía el Patronato «San José» de Bassano por medio de cartas llenas de preciosos consejos y normas de Educación Josefina.

No pocas veces lo visitó personalmente. El Clero de Bassano conservó por largo tiempo el suave recuerdo de la dulzura de Murialdo. Está por demás decir que a sus hijos los Josefinos se les inundaba el corazón de alegría cuando lo tenían de visita. En otra parte de este libro cito, por vía de ejemplo, el elevadísimo concepto en que tenían a Murialdo Mons. Marini, Director Nacional de la Unión Apostólica y el Abad Juan Bautista Ma1ucelli, Inspector General de las escuelas de la Ciudad.

6. Orfanato de Rovereto

Era el otoño de 1893. Uno de nuestros sacerdotes de Bassano fue a Rovereto de Tirol, y cuando éste rezaba arrodillado ante el Altar de Jesús Sacramentado, se le acercó el Rector de aquella Iglesia Mons. Cappelletti. Le preguntó a qué Congregación pertenecía y sabiendo que era Josefino, le pidió las informaciones que más le pareció conveniente a su intento.

En dicha ciudad existía un orfanato y la dirección del mismo fue transferida a la Congregación de Murialdo.

Poco tiempo transcurrió en los trámites de rutina, pues nuestro Fundador dio por aceptada la obra casi inmediatamente.

Nuestros religiosos tomaron posesión de la nueva casa el 2 de Abril de 1894. La Junta de Caridad los recibió con los brazos abiertos. Nuestro Padre que los acompañó de persona los dejó, como prenda de feliz éxito, su especial bendición.

Se habían hecho algunas reparaciones al local y sin embargo no dejaba de ser incómodo y estrecho. Para aulas se habían adaptado alcobas. No había patios y el recreo debía hacerse en una especie de cobertizo en que remataba el edificio. En cambio se arregló en volandas una Capillita bastante decente. Jesús Eucaristía vino a morar allí inmediatamente. Por gran suerte la Junta tenía no solamente un enorme entusiasmo sino también los medios necesarios para levantar un local apropiado.

Se empezaron inmediatamente los trabajos y todo hacía suponer que para 1899 el orfanato se mudaría a su nuevo local. Resultó éste muy elegante .Y con todos los requisitos que demandaba la Pedagogía del tiempo. La Junta efectivamente, así como prometió, así mantuvo la promesa. Dios bendecía visiblemente a sus hijos los Josefinos. Eran entonces sólo 18 los huerfanitos que se alojaban en el nuevo local. Se les dividió en dos secciones: estudiantes y artesanos. Estos últimos trabajaban en los talleres de la ciudad y los primeros asistían a las Escuelas Populares, llamadas comúnmente Gimnasios. Nuestros hermanos debían acompañarlos al lugar de trabajo o estudio; vigilarlos para que cumplieran sus tareas, inculcarles la religión y las buenas costumbres. Con el tiempo, los huérfanos aumentaron hasta el número de 50 y al mismo tiempo daban el consuelo de crecer en orden, disciplina y bondad.

Juntamente con el Orfanato funcionaba también un Oratorio festivo en lo que antiguamente había sido Cementerio de san Marcos, junto a la Casa Parroquial. Dicho Oratorio se encontraba en abandono casi total. Era fundación del Abate Rosmini, el famoso filósofo de Rovereto, cuando éste era Arcipreste de San Marcos. Lo habían bautizado con el nombre de San José y lo hacía funcionar bajo las órdenes de su Coadjutor, Don Francisco Puecher y otros colaboradores. La distribución era como sigue: Mientras se reunían los jóvenes se leía un libro espiritual. Al tiempo oportuno el Director les tenía una meditación predicada, luego canto sagrado y finalmente confesiones para los que desearan. «De esa manera -así dejó escrito el ilustre roveretano-, las horas que antes la juventud las pasaba en los casinos, bares, rifas y otros centros peores, ahora las empleaba en el cultivo de las sanas disciplinas y el estudio de la virtud, con cuánta complacencia de los familiares, ya puede suponerse. Desgraciadamente el 5 de Octubre de 1835, apenas al año de haber tomado posesión, Rosmini dejó de dirigirlo, por causas desconocidas, y el Oratorio dejó de funcionar.

En 1853 le dió una nueva vida el celoso Don Eugenio Pros y en 1877 parece que estuvo a cargo de Don Antonio Angheben. De sus manos recibió el oratorio la Congregación Josefina. Los juegos atractivos, las iniciativas novedosas y en fin, todo el conjunto de reformas que se introdujeron, en breve dieron magníficos resultados. Los jóvenes acudían en número considerable y la buena semilla casi siempre encontró terreno propicio para producir buenos cristianos y numerosos sacerdotes para nuestra Congregación o para otras.

Las instituciones católicas tomaban siempre mayor cuerpo cada año. Con frecuencia se presentaba la necesidad de celebrar asambleas generales para discutir temas de grande importancia; pero, desgraciadamente ni nuestro Oratorio, ni institución alguna de la ciudad disponían de una sala o peor de un teatro apto para este fin.

Con el objeto de llenar esta urgente necesidad, Mons. Cappelletti y algunos simpatizantes de la Obra Josefina mancomunaron sus fuerzas y optaron por construir en el perímetro de nuestro Oratorio un hermoso teatro, capaz para 800 personas.

Este nuevo local fue fecundo en frutos de apostolado. En su seno empezaron a funcionar las siguientes actividades: Escuela de Canto Sagrado, Caja de Ahorros del Oratorio, Biblioteca Popular Cató1ica que disponía de algunos miles de volúmenes, Difusión de la Buena Prensa, especialmente del excelente periódico Fe y Trabajo de la ciudad de Trento y la Presidencia de la Juventud Católica que luego los Josefinos la reorganizaron con el nombre de Sociedad Obrera Católica con más de 500 socios.

San Leonardo Murialdo gozaba con tales fundaciones, pues, en ellas se proponía la gloria de Dios. Visitaba periódicamente la casa de Rovereto, donde se complacía en predicar a los jóvenes del Oratorio y del Orfanato, dejando en ellos y en nuestros hermanos las más profundas huellas de su santidad y prudencia.

7. Colegio – internado de Zara (Dalmacia)

Por el año de 1897 un Capuchino de nombre Carlos, de Pordenone, por órdenes superiores, fue a establecerse en Zara, Dalmacia, procedente de Bassano.

Allí le comunicaron que ciertos señores italianos de la Liga Nacional habían allegado fondos para la fundación de un colegio-internado en Dalmacia para los jóvenes italianos de alta sociedad. El P. Carlos de Pordenone sugirió que la dirección de tal colegio podrían tomarla los Josefinos.

En Julio del mismo año se ofreció a Murialdo al respecto, quien contestó que en realidad la Congregación Josefina no tenía personal suficiente casi ni para atender a las fundaciones existentes. "Sin embargo, --añadió Murialdo, -presentaré la propuesta al Consejo de la Congregación».

Seguramente el veredicto del Consejo fue favorable, pues, de allí a poco un Padre Josefino viajaba a Zara a ponerse a la cabeza del Colegio. Se le tributó una acogida muy gentil y la obra empezó a prosperar sin mayores tropiezos. Se le intituló Colegio Nicolás Tommaseo. La ciudadanía alentó lo obra del Sacerdote Josefino y los colegiales afluyeron numerosos y armados de la mejor voluntad. Apenas fue posible, nuevos hermanos se dirigieron a Zara. Dios bendecía visiblemente la obra; así lo atestiguó el visitador de la Congregación que llegó a este Colegio en el mes de Agosto de 1898. Se estudiaba seriamente, había buen acuerdo con las Autoridades; 1a Junta Directiva no cabía en sí de felicidad y satisfacción por la presencia de los Padres.

Para el año lectivo de 1899 se matricularon 68 internos, como el doble del año anterior. El Director, en goce de la confianza que se le había depositado, instruyó con plena satisfacción a los jóvenes, especialmente en las verdades cristianas y cultivaba sus mentes en las ciencias liberales. ¿Quién diría que esa calma era presagio de tempestad?

Entre los Miembros de la Junta había sujetos que, so capa de liberales, no podían sufrir que un Instituto Católico prosperara y así empezaron a entorpecer la marcha del Colegio con la evidente intención de irritar a los Padres hasta que abandonaran el Instituto.

Se procuró de todos modos salir por el prestigio de los religiosos, mas, prevaleció el odio insano y, con fútiles pretextos, el 2 de Enero de 1899 se dio orden a los religiosos de desalojar el Instituto. Inmediatamente se le declaró Colegio Laico. Nuestros Padres arrojados a 1a calle a las 9,30 de la noche tuvieron que buscar asilo en casas de algunas personas caritativas, y vivir de la limosna pública por algunos días.

San Leonardo Murialdo, aunque vivamente lo deseara, no pudo visitar la obra de Zara ni una sola vez. Su salud ya muy quebrantada no se lo permitía. Mas, por medio de frecuentes y cariñosas cartas, llenas de utilísimos consejos procuraba colmar las necesidades de ese Colegio, ya que no lo podía hacer personalmente.

8. Orfanato y Patronato de Correggio

Otra fundación del tiempo es la patrocinada por el Capitán Antonio Bellelli. Era este pundonoroso militar, Caballero de la Orden de San Gregorio Magno y Camarero de Capa y Espada de Su Santidad León XIII. Era dueño de vasta fortuna, y en sus posesiones de la ciudad de Correggio en Emilia, quería fundar una Escuela de Agricultura.

Los Josefinos que dirigían la quinta de Rívoli, le parecieron los más indicados.

A ellos pues se dirigió el cristianísimo Capitán. San Leonardo Murialdo, de primero, no rechazó la oferta ni la aceptó. Quería recapacitar maduramente sobre el asunto. Cuando se habían dado ya los pasos fundamentales para la fundación he aquí que repentinamente llega la noticia de la muerte del insigne bienhechor acaecida el 17 de Mayo de ese mismo año 1898. Afortunadamente el buen Capitán lo había previsto todo con exquisita prudencia. Quedó encargada de la fundación su hermana Josefina, que luego, con todas veras, se propuso poner por obra el deseo del Ilustre extinto.

Esa grande obra se abrió el 13 de Junio subsiguiente. El Instituto se denominaba Antonio Bellelli.

Aun cuando el deseo del Capitán había sido la fundación de una Escuela Agrícola, se optó por cambiarla por un Orfanato para los pobres de Correggio. Un Patronato nocturno y festivo completó la obra. Los jóvenes concurrían numerosísimos y muy halagadores eran los frutos que se recogían. Viendo que el Orfanato marchaba maravillosamente, algunos jóvenes de la alta sociedad deseaban matricularse en el internado para disfrutar de una educación más completa. Parecía no importarles mucho el tener que vivir entre huérfanos.

Al ingresar estos nuevos alumnos, nuestros Padres creyeron llegado el momento de fundar la Escuela de Agricultura conforme había sido el anhelo del difunto Cap. Bellelli. El Abril de 1900 fue escogido para dicha fundación. Se eligieron unos terrenos que el memorable Capitán poseía a orillas del río Salicetto. Mas la prueba tuvo un ingrato éxito y así nuestros Padres renunciaron al proyecto contentándose con mantener florecientes las escuelas y el Patronato.

9. Instituto del Sagrado Corazón de Jesús de Módena

Por el año de 1896, nuestro Fundador había tenido ocasión de visitar al Cap. Bellelli. Durante aquella entrevista el cristianísimo militar le informó que el Obispo de Módena, Mons. Luis Della Valle deseaba ardientemente fundar una obra juvenil en dicha ciudad.sacro cuore facciata

Se había erigido allí un club de carácter laico, y una Academia de Gimnasia. Mons. Della Valle y otros buenos eclesiásticos deseaban oponer a dicho centro de recreo uno similar y posiblemente mejor que aquél, pero de carácter católico a fin de que los jóvenes no se pervirtieran acogiéndose a la sombra de funestos ideales.

Para el objeto había disponible una gran área de terreno en la Vía Degli Storchi. Con la urgencia del caso allí se levantaron hermosos edificios y un gimnasio cerrado. Cuando todo estaba a punto de inaugurarse he aquí que el mentado instituto laico fracasó, desvaneciéndose la necesidad de fundar el cató1ico. Pero como había que aprovechar de algún modo los edificios y patios existentes, Mons. Della Valle tuvo la feliz idea de abrir un oratorio festivo para los jóvenes que antiguamente frecuentaban el de San Felipe, llamado vulgarmente Patronato del Paraíso.ist sacro cuore

Los locales, en cambio, se destinarían para educación de los jóvenes pobres o del campo, que tuvieran el propósito de seguir la carrera eclesiástica. Mons. Della Valle conservó para sí la dirección del Instituto y al frente del mismo colocó a buenos y sabios sacerdotes. El Seminario arzobispal de Módena dio frecuente testimonio de la excelente preparación de los alumnos provenientes de este Colegio. El celoso Monseñor, viendo que su vida se acortaba velozmente, quería dejar asegurada la existencia de su amado Seminario. Solicitó que los Josefinos tomaran no sólo la dirección, sino que lo aceptaran como propiedad suya. No se pudo acceder presto a tan benévola propuesta, pero en 1899, vigilia de la fiesta de San José, con inmenso júbilo del Obispo, Mons. Borgognoni y del mismo Mons. Della Valle, tomó posesión del Seminario la Congregación de San José. Por escasez de personal un solo Padre quedó allí a presidir la casa, en espera de oportuna ayuda.

Una tremenda desgracia enlutó la fundación el 29 de Junio de aquel mismo año de 1899. Mons. Della Valle, habiéndose subido sobre una banca para celebrar las glorias de San Pedro en la Iglesia del Paraíso, resbaló inexplicablemente de la improvisada cátedra, dio con su cabeza en el suelo y murió casi instantáneamente.

Tan triste acontecimiento privó a Módena de su Padre y Pastor. Los jóvenes quedaban sin tutor y maestro, y nuestros Padres sin un insigne bienhechor. Todos, en fin, perdimos a un dechado de virtudes sacerdotales. Por buena fortuna, todo lo había previsto Mons. Della Valle. Los Josefinos, desde entonces, completamente dueños de la situación, continuaron su trabajo sin tropiezos. Se mejoraron los edificios con un legado del mismo Ilustre Difunto.

Nuestro Santo Fundador bautizó a la obra con el nombre de Instituto del Sagrado Corazón de Jesús. En Venecia el escultor Besarel trabajó una hermosa estatua para el altar de la Capilla y se palpó materialmente el cumplimiento de las promesas del Dulcísimo Corazón para las casas que lo honran públicamente.

10. Oratorio de Carpi

En el curso del año de 1899, el Obispo de Carpi, Mons. Righetti, solicitó a nuestro Fundador el personal necesario para abrir un Oratorio en la ciudad. Fuese allá un sacerdote. Mediante la generosa colaboración del Canónigo Malagoli se abrió el Oratorio en un pobre y estrecho local junto a la Iglesia llamada Del Cristo. Los buenos Carpenses comprendieron los beneficios del Oratorio y daban generosas limosnas para su mantenimiento y mejoras. Los numerosos jóvenes que lo frecuentaban correspondían a los desvelos de los Padres asimilando sinceramente la educación cristiana que allí se impartía. Más tarde, bajo los auspicios del Rector del Seminario, Canónigo Rovuti, se adquirió un amplio local para el Oratorio. Se levantaron allí una hermosa Iglesia y un teatro. Mas, tal era la penuria de personal, que hasta después de la muerte de San Leonardo Murialdo no pudo irse a Carpi ni siquiera un Josefino más a prestar ayuda en esa magna empresa.

Esta fue la última casa que se fundó en vida de nuestro Fundador, quien tuvo la satisfacción de cerrar los ojos a este mundo, cuando nuestra humilde Congregación se hallaba distribuida en catorce comunidades y en distintas regiones de la Península. Allí, cada Josefino en su puesto de trabajo procuraba emular el celo y las virtudes de aquel que fuera cerebro y alma de todo nuestro cuerpo: San Leonardo Murialdo.

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