Calendario

July 2019
S M T W T F S
30 1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31 1 2 3

Acceso

8. EN EL CAMPO DE LA ACCIÓN CATÓLICA

1. LA CLASE TRABAJADORA

      La amplitud de miras de san Leonardo Murialdo y el inflamado celo en que bullía su corazón, no se dieron por satisfechos con la labor apostólica que acabamos de indicar. Trabajaba por la juventud en el Colegio Artigianelli, prestaba su valiosa obra en varias otras Instituciones Religiosas y Educativas; mas veía en derredor de sí un campo vasto pero dominado por el enemigo, un campo tentador, el problema obrero. La clase trabajadora se hallaba a merced del poder de las tinieblas, es decir en manos de liberales y socialistas que la habían aherrojado por medio de una prensa procaz y corrompida. Era un enemigo nada despreciable que iba imponiéndose con mayor petulancia cada día, alentada por la complicidad de los gobiernos hostiles a la Iglesia y por las sectas secretas. Francia vislumbró el peligro antes que Italia, y para conjurarlo, las fuerzas católicas empezaron a organizar la ofensiva, uniéndose maravillosamente con un frente compacto y bien dirigido cual antes no se había visto jamás.

   sanleonardo Su estadía en San Sulpicio brindó a S. L. Murialdo la oportunidad de estudiar los movimientos católicos de Francia, y desde entonces tomó la resolución de visitar, de preferencia, las Organizaciones Obreras. En Italia ya se avistaba al enemigo aguerrido y enconado. Su enseña de reivindicación social era halagadora y tentadora, mas Italia no había puesto en juego ninguna providencia ante tamaño peligro. ¿Hubiera podido Leonardo Murialdo, engolfado hasta la coronilla de sus cabellos en los urgentísimos asuntos del Colegio de Turín, emprender un apostolado tan vasto y que requería no sólo energía sobrehumana sino también mucho margen de tiempo a su disposición? ¡Sí que lo pudo! ¡Su ardor zanjó ambos obstáculos! En cuanto a energía no la atenuó un punto, sino que la duplicó, la centuplicó: Unum facere et aliud non omittere.

    Sus niños del Colegio no sufrieron la mínima desatención mientras el Santo Rector se hallaba entregado a la labor de la Acción Católica. En lo que toca al tiempo, lo subsanó con la renuncia a sus vacaciones, pues el limitado tiempo que se había reservado durante el verano para un merecido descanso, al cabo de un año de indecibles fatigas y sufrimientos, lo dedicaría a viajar por Francia, no ciertamente por turismo o distracción, sino para presenciar, y no pocas veces para participar activamente en los Congresos Católicos, para visitar Colegios de Artes y Oficios y cotejarlos con el suyo, tomar apuntes y aprovechar sugestiones, en suma, para atesorar preciosas experiencias.

 

2. EN FRANCIA, UNO DE LOS POQUÍSIMOS ITALIANOS

     De sus Memorias consta que estuvo presente en los Congresos de Lyon, Tours y Poitiers en 1872, junto con Don Julio Constantino; en agosto de 1875 participó en el Congreso de Reims y en 1879 en el de Angers y en el de Burdeos en 1881. Estos congresos estaban organizados por los obispos franceses. En sus bancos aparecían los más destacados representantes del Clero y de los seglares católicos en general. Su fin era agrupar a todas las fuerzas vivas de la Nación para resolver el problema obrero a la luz de las normas emanadas de la Iglesia Católica y subvenir a la necesidad que de cultura religiosa necesitaba urgentemente la niñez.

  dipinti3 murialdo 10  Como fruto de tales congresos, surgía por doquier en toda la superficie de la gran nación francesa, un verdadero alud de obras católicas, tanto para obreros como para jóvenes, impulsadas todas maravillosamente por la poderosa fuerza de la Jerarquía y también de innumerables católicos conscientes, prudentes y sabios. A tales congresos acudían, por lo general, pocos extranjeros y de ellos poquísimos italianos. Entre estos últimos encontrábase casi indefectiblemente S. L. Murialdo, que, con visión acertada, los apreciaba en su verdadero valor y los encomiaba mucho, pues bien se había impuesto de que allí se planeaba una verdadera redención de los pueblos. Es notable que al Congreso de Burdeos de 1881, S. L. Murialdo acudiera en calidad de Representante de la Unión Obrera Católica de Turín. Pronunció un discurso sobre las obras católicas de Italia, expresando, en culto a la verdad, que estas no eran sino una imitación de cuanto se hacía en Francia.

    «La voz de alarma- dijo el orador- que se elevó en los congresos como el presente, para conjurar los males y peligros que en este tiempo amenazan dar al traste con las instituciones sociales católicas y aún con la Iglesia misma, ha repercutido allende los Alpes. Debemos confesar que nuestros Congresos Católicos de Venecia, Florencia y Bérgamo no han sido sino un eco de los vuestros de Nevers, Poitiers, Lyon y Angers. Vuestras asambleas han excitado a las nuestras y el torrente de obras católicas que ha inundado el suelo de Francia ha inyectado vitalidad también en las nuestras de Italia, que dormían bajo el calorcillo de la incuria, pero que el día de hoy retoñan lozanas y se multiplican a ojos vista. Escribiendo desde Francia a raíz del Congreso de 1872, en Poitiers, expresaba que su mayor anhelo era que también en Italia se juntaran tales asambleas, o siquiera que gran parte de los Directores de Oratorios de la Península, acudieran a Francia, pues «Había para todos no poco que aprender".

 

3. ITALIA SE DESPIERTA

     Sus deseos no tardaron en hacerse realidad. De allí a poco las Fuerzas Católicas Italianas empezaron a desperezarse para presentar un frente orgánico y vigoroso a la campaña del mal, y S. L. Murialdo con toda razón podía ufanarse de haber sido, en primer término, el abanderado de tan saludable movimiento y luego también su apóstol. En junio de 1881 se celebró en Mondoví uno de los Primeros Congresos católicos de Italia. S. Leonardo Murialdo, como especial invitado, pronunció un importante discurso sobre las Obras de Apostolado Juvenil, vistas desde dos ángulos de vista distintos: primero, el apostolado juvenil en sí mismo y segundo el problema obrero.

    Aquí expresó sus anhelos acariciados por tantos años. He aquí los párrafos principales de su discurso: «En el no lejano 1859 se reunieron en París seis dirigentes de Instituciones Juveniles para discutir en democrática mesa redonda los remedios más adecuados para la mejor conducción de su labor poniendo a disposición de todos el fruto de los estudios, y experiencia de cada uno. Allí les había convocado nuestro Señor, pues por su gloria deseaban trabajar: resultó ser el granito de mostaza. Tuvieron desde entonces reuniones sucesivas en Versalles, Angers y Nevers.

    A este último Congreso acudieron 900 miembros, pero los que se inscribieron fueron 1.050. A continuación se convocaron los Congresos de Poitiers, Nantes, Reims, Burdeos y Lyon. Así nació la Confederación de Instituciones Obreras de Francia y actualmente las Instituciones Confederadas pasan de 2.000 y propugnan la formación, educación o reeducación de centenares de miles de jóvenes. El provecho de tales Congresos ha sido poco menos que asombroso.

     El ardor y entusiasmo de que todo el mundo se contagia, es un incendio que abarca todas las latitudes de esa gran nación, gracias al entusiasmo y elocuencia verbigracia del Conde de Mun, y al apoyo oficial de los Obispos, que se dignan tomar la dirección aunque sea sólo moral de tales Asambleas. Estos movimientos prometen nada menos que transformar totalmente a Francia. Y ¿qué decir de la comunión de ideas entre el Clero y el Pueblo Católico? El anhelo común de dar la mayor Gloria posible a Dios, es, sin duda, la mejor prenda de las bendiciones del Cielo.

     Este fuego renovador y purificador, esta ansia de sacrificarse por Dios, el despertarse de los tibios ante tan imponentes manifestaciones por la causa de Cristo, no son el único fruto que se cosecha en tales Congresos. Aquí se plantea el problema de la educación de la Niñez y Juventud y se ponen las bases para resolverlo. ¡Qué cúmulo de obras sociales no surgieron de los mismos!: fruto sazonado, opimo, prometedor. "Estas obras sociales tienen buen cuidado de adaptarse cabalmente al medio ambiente donde se fundan. Tal fue la gentil preocupación de un Ángel de caridad, de un Apóstol del Obrero, de un modelo de Sacerdotes, quiero decir de Mons. de Segur, que dirigió estos Congresos por muchos años. «En los cinco días que dura el congreso, se suele discutir en sesiones separadas los puntos puestos a consideración por un Relator. diapo murialdo 39

    Si la propuesta es de aceptación general, se la toma en cuenta y se la somete a la aprobación de la Sesión General del Congreso que se instala por la tarde. Esta aprobación se la envía en forma de "Acuerdo" a un despacho central que tiene sede en París, el mismo que se encarga de ponerlo por obra. De esta manera las resoluciones del congreso no quedan en letra muerta, o en meras resoluciones sin sentido, sino que son siempre realidades, pues el Comité Central tiene suficientes medios económicos para actuar. Ahora bien, gentiles señores, he aquí una moción que me atrevo a lanzar en mi calidad de Enviado Especial. Propongo, pues, con la debida venia de nuestro muy amado Pastor, el Obispo de esta Diócesis, que todos los dirigentes de Obras Juveniles, ya sean Oratorios, o Seminarios, Talleres, Catequesis, etc. etc., nos congreguemos en fecha no muy remota para una "reunión", no quiero llamarla con el pomposo nombre de "Congreso", y que hoy mismo fijemos el tal día con precisión.

    Allí podríamos ex poner nuestras iniciativas, métodos, experiencias, proyectos y, en fin, todo cuanto de provecho podemos hacer por la juventud, que ocupa tan señalado puesto en nuestros corazones. «Si tal asamblea, en bien de las Instituciones Obreras se llevara a cabo, ¿No os parece, Señores, que sería el grano de mostaza que, transformado en frondoso árbol abrazaría todas nuestras Obras Sociales y que también quedaría cristalizado el anhelo de todos los buenos católicos? Al mismo tiempo habremos obedecido a un deseo -que para nosotros debe ser un mandato- de quien alabó, encomió y bendijo la labor de los Congresos, con aquellas palabras de Pío IX: "Haced, haced", el deseo, digo, de Su Santidad el Papa León XIII gloriosamente reinante». El año anterior S. Leonardo Murialdo ya había asistido al Congreso Regional de Mondoví en donde dio cuenta de nuestras Obras Juveniles: Escuela Agraria y Oratorio de Rívoli, y el Hogar para Estudiantes y Obreros en la misma ciudad.

    En dicha relación concluyó diciendo: «Todos, pues, sin excepción, pongamos mano a las obras de Dios. Quien puede trabajar, que trabaje, tomando en cuenta que quien puede, debe trabajar. Quien no puede contribuir con su obra personal, que contribuya con su óbolo o que colabore para reunir fondos. Hay que alimentar y alojar a tantos jóvenes que el día de hoy se sienten fascinados por el mal y traicionados por aquellos mismos que se declaran sus amigos. De esta manera, cuantos trabajamos en este mismo campo de la juventud, podremos oír en el día de las cuentas aquellas suaves palabras: "Tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis. Cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis. Venid, pues, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo."

 vocepopolo   Este discurso, y el aliento con que fue pronunciado, captó la admiración y simpatía de aquella selecta concurrencia. Se lo dio a la imprenta y fue a dar también a manos de los beneméritos hermanos Giuliano de Pinerolo, quienes, movidos por la elocuencia de S. L. Murialdo, tuvieron a bien aliviar la situación económica del Colegio Artegianelli de Turín donando dos grandes posesiones que poseían en None, para que allí se fundase una escuela agraria. Después del Congreso de Mondoví, asistió a otros muchos similares en toda Italia, especialmente cuando se realizaban en el período de vacaciones o cuando concordaban con los frecuentes viajes por asuntos inherentes a la Congregación. Es así como, en 1875 pudo asistir al Congreso Católico de Florencia; en 1883 a los Congresos Regionales de Génova y Nápoles. En Octubre de 1897 debía pronunciar un importante discurso en la Asamblea de la Diócesis de Motta di Livenza, pero dicha asamblea fue disuelta por las autoridades civiles bajo fútiles pretextos.

 

4. VIAJES CANSADOS Y PROVECHOSOS

     En tales viajes, además, no perdía ocasión de visitar todas las instituciones similares al Colegio de Turín. De estas visitas aunque «relámpago» surgían amistades valiosas y sinceras, como la de los Hermanos de S. Francisco Regis en Puy, que se dedicaban casi exclusivamente a la agricultura; también la de los Hermanos del Espíritu Santo; de los Hermanos del Corazón Inmaculado de María en Clermont y en particular de los Hermanos de S. J osé de Citeaux, el antiguo Císter de San Bernardo, a donde viajó repetidas veces con el fin de estudiar detenidamente la admirable organización de esa floreciente escuela agraria y sus filiales de Aullins y de Saint Leonard y en donde también trabó suavísima y sincera amistad con la persona del Superior General Rmo. P. Donat.

    Sin embargo, tales viajes no le dejaban de preocupar un tanto, pues, su delicadísima conciencia le obligaba a examinar si ellos eran precisamente para la gloria de Dios, lo mismo que sus peregrinaciones a los Santuarios más queridos de su corazón, como la Salette, Isoudun, Saint Anne d'Aurais, Lourdes y Paray-le-Monial. Y si en tal o cual circunstancia, estos viajes le parecían superfluos, renunciaba a ellos aunque mucho le costara. Cierta vez, a propósito de lo que vamos diciendo, me escribía lo siguiente desde Vernaison: "Ruegue Ud. a Dios por mí y diga que hagan lo mismo los hermanos, a fin de que la presente romería la efectúe con un corazón sinceramente cristiano y para la mayor gloria de Dios y así no resulte una simple distracción, o peor, una disipación según reza el adagio: "Qui multum perigrinantur, raro sanctificantur".

    Al echar un vistazo a mis peregrinaciones anteriores, veo que algún provecho he sacado en muchas cosas; pero compruebo, al mismo tiempo, que muchos buenos propósitos no han pasado de "pia desideria". Gozo, por ejemplo, que el «Hogar» se ha fundado ya, lo que jamás lo hubiera podido sin antes haber observado cómo marchan los similares de Mont-Parnasse y de Tolosa. De la misma manera, yo, inclusive, me hubiera opuesto a la creación de la Escuela Agraria, al no haberme hecho cargo de las grandes ventajas que tal obra produce en la juventud, por más que no dispongamos de los 80 Hermanos de Citeaux».

 

5. SOCIO Y ASESOR

    S. Leonardo Murialdo, desde muy joven, había mostrado avidez por lucrar los tesoros espirituales de que las Congregaciones o Hermandades piadosas suelen ser ricas. Se había inscrito a muchas de ellas y cumplía fielmente con sus reglamentos; mas, viendo que además de la oración, era preciso poner al servicio de la buena causa también las energías personales; no se contentó ya con sólo asistir a los Congresos de Italia y Francia, como queda anotado, sino que también se inscribió, y consecuentemente dio su valiosa cooperación, a las Asociaciones Católicas, bien convencido de sus enormes ventajas para la Sociedad. Hízose miembro de la Confederación de Obras Católicas de Francia, fundada en el Congreso de Nevers el 8 de Septiembre de 1873; y debemos anotar, con justo orgullo, que por su valioso aporte intelectual, la mencionada Confederación le otorgó dos diplomas de reconocimiento: uno el 5 de julio de 1873 y el otro el 15 de agosto de 1876.

    En Italia se adscribió temprano a la magnífica Obra de los Congresos, fundada por el Conde Juan B. Paganuzzi. Fue también miembro muy valioso del Comité Central de Piamonte. Apenas se fundó la Unión Obrera Católica, de Turín, el año de 1871, entró también a tomar parte en ella, y se puso a propagarla fervorosamente. Sus ponencias, pareceres o sugestiones en el seno de la dicha "Unión" encontraban siempre franca y leal acogida por parte de los miembros y directores, pues bien lo sabían que el san Leonardo Murialdo no pretendía nada más que la mayor Gloria de Dios y el bien del prójimo.

    Cuando más tarde Mons. Lorenzo Gastaldi fundó un Comité Organizador o Directorio para coordinar las actividades de dicha obra, S. L. Murialdo fue nombrado su Capellán Eclesiástico, cargo que desempeñó hasta febrero de 1878, año en que suplicó le relevaran a causa de los innumerables e importantísimos asuntos a que debía atender. Mas luego, reorganizado radicalmente el Directorio, con bases nuevas y firmes por mayo del mismo año, S. L. Murialdo fue nuevamente nombrado Capellán por su Presidente, el Canónigo Berta. Más tarde, cuando el Excmo. Ordinario del lugar ordenó la Función del Consejo Central de la Unión Obrera Católica, con el Directorio, S. L. Murialdo fue nombrado Vice-asistente General para el período de 1782 -1784. En 1886 el Emmo. Cardenal de Turín Mons. Cayetano Alimonda, lo nombró Asistente General del Directorio, sin que por ello S. L. Murialdo dejara de ser Miembro del Consejo General de la Unión Obrera Católica.

     El Presidente del Directorio, Conde César Balbo, le confirió el nombramiento con las siguientes palabras: «Le expreso mi complacencia por el nombramiento que el Emmo. Cardenal ha tenido a bien hacer en V. Señoría para Asistente Eclesiástico de este Directorio. Espero que V. Señoría se dignará iluminarme el camino con sus sabios consejos y directivas, y tenga por seguro que en mí sólo encontrará un respetuoso y sumiso hijo en N. S. Jesucristo". S. L. Murialdo, empezó y duró en este honroso puesto, dando siempre grandes pruebas de su proverbial diligencia. No pocas veces las sesiones le imponían el sacrificio de su tiempo, de su descanso y hasta de su cena, y cuando surgían desavenencias en las determinaciones, su palabra conciliadora se la acataba con veneración y, podríamos decir, sin discusiones. Otra obra meritoria de S. L. Murialdo fue también las catequesis vespertinas para los oficiales aprendices.

    Así consta en el Boletín de las Asociaciones Obreras Católicas Italianas, en donde se lee que San Leonardo Murialdo lanzó mociones prácticas y concretas y que dio a los congresistas sapientísimas sugerencias y fervorosas exhortaciones, dejando en la concurrencia las más favorables impresiones. S. L. Murialdo colaboró también para la fundación de La Voz del Obrero que fue una nueva serie del «Boletín» de marras pero ampliamente mejorado.

 

6. ELECTOR Y MILITANTE POLÍTICO

    En este punto quiero también poner de relieve el enorme empeño que demostró para orientar las elecciones municipales. Por supuesto, tuvo buen cuidado de inscribirse a tiempo en los registros públicos para poder usar de su derecho al sufragio. En segundo lugar, con edificante actividad procuraba multiplicar los electores, especialmente entre sus familiares o dependientes, pues lo consideraba un genuino apostolado. Para los indecisos, perezosos o simplemente indolentes o apáticos tenía palabras de fuego y los inducía al deber de votar. Este denuedo por la buena causa renacía en S. L. Murialdo lozano y vigoroso, cada año, aunque el resultado a veces fuera muy inferior a las esperanzas.

 favaro1detalle   En el día de las elecciones, tomaba un puesto en el Tribunal Electoral y cumplía su cometido con escrupulosa diligencia, posponiendo, por un lado, sus gravísimas ocupaciones y por otro, exponiéndose a descortesías y quizá a malos tratos de los contrarios y, en fin, a un sinnúmero de privaciones y mortificaciones, todo y solamente por bien de las almas. En aquel tiempo algunos personajes tenían el privilegio de votar en varias mesas del Distrito: pues bien, S. L. Murialdo, siendo uno de ellos, se dirigía a todas las mesas en donde podía depositar un voto, convencido de que una administración, inspirada en fuentes católicas, hubiera sido de innumerables bienes para la sociedad, y convencido también de que, los católicos en aquellos momentos debían depositar todos sus votos posibles, sea cual fuera el éxito final de los escrutinios. Si todos los que tenían derecho a votar lo hubieran hecho, pisoteando el respeto humano y sin miedo a las consecuencias, si todos hubieran imitado tan santo valor, abnegación y generosidad, ciertamente no hubiéramos tenido que lamentar tantos desastres, tantas derrotas.

 

7. LA ASOCIACIÓN DE LA BUENA PRENSA

    Este cúmulo de actividades que hemos analizado, no parece sino que era una muestra, en comparación de la obra transcendental que, como miembro del Comité Regional de Piamonte promovió exitosamente, a saber, la de la Buena Prensa. Su convencimiento de que era necesario zanjar de alguna manera el alud de periódicos y libros perversos que se venían publicando, le obligó a convocar a varios sacerdotes y a seglares de mérito para fundar un órgano periodístico de las actividades católicas. Es así como en febrero de 1883 se fundó una Asociación o Liga para la Impresión y Difusión de Buenos Libros.

    Tal empresa se puso bajo la protección del Apóstol de la Edad Media que se llamó Carlos Borromeo y su fin era: "Juntar las fuerzas del pensamiento y acción católicos para oponer un frente único y fuerte a la despampanante difusión del error, a través de la propagación de las sanas doctrinas, pues el catolicismo no es incompatible con la verdadera ciencia". Los fundadores de dicha Liga lanzaron un llamamiento, a fin de que todo buen católico prestara su concurso a la obra. tav4 1

    Los medios para combatir el mal serían la mayor difusión posible de libros, periódicos, opúsculos, revistas, ensayos de carácter netamente católico; la impresión de cuanto material apto se tuviere a la mano, y la creación o incremento de bibliotecas populares, fijas o ambulantes.

    Esta clase de apostolado, nuevo pero muy eficaz, obtuvo no sólo la aprobación sino también el aplauso del Arzobispo de Turín, Mons. Lorenzo Gastaldi, quien, como prenda de su benevolencia, se designó euviar una especial bendición a la obra el 12 de febrero de 1883. No menos encomiástico se portó el sucesor de Mons. Gastaldi, Mons. Alimonda. Para el 16 de abril del mismo año se convocó una asamblea general de todos los dirigentes de la obra con el fin de nombrar dignatarios y comisiones. A una de éstas se le confirió plenos poderes para que pusiera por obra inmediatamente algunas conclusiones de la asamblea.

 

8. BIBLIOTECAS AMBULANTES

     Dicha comisión se componía así: el Teól. L. Murialdo en calidad de Presidente, el ingeniero Alberto Buffa, el Barón Alberto De La-Tour, el abogado Jacinto Bricarelli y el notario Sr. Roberto Castelli. La primera actividad de la Comisión fue crear bibliotecas ambulantes y populares en cada uno de los Comités de la Unión Obrera Católica; y fue tal su empuje, que a principios de 1884 se habían constituido nada menos que veintiocho bibliotecas en diversas localidades de Piamonte con incalculable provecho para las almas y grandísimo consuelo para sus Pastores como pueden ver por las cartas laudatorias y conmovedoras que éstos enviaban a la Liga.

   El número de volúmenes llegó a alcanzar unos 3.000, sobre variadísimos aspectos: religiosos, morales, amenos o instructivos; libros que la Liga había adquirido con dineros propios o a título de donaciones. Todo este ingente material de lectura estaba a disposición del público de manera gratuita.

    En los años sucesivos su número aumentó considerablemente y no cabe duda de que tal apostolado, entonado a nuestra época, y llevado a cabo con perseverancia y buen método, contrarrestó la marcha del mal, pues, entrando los libros en las familias cual enérgicos y sinceros consejeros, instruían por una parte y por otra desalojaban las lecturas malsanas. 

 

9. SE CONVOCA A LAS MUJERES

    Para acosar cada día mejor al enemigo tuvo la Liga la feliz idea de llamar al campo de batalla también a las mujeres católicas. Con vibrante mensaje las convocó a una asamblea general para el 22 de febrero de 1884 en la Iglesia de San Juan Evangelista, la misma que culminó con el más brillante de los éxitos. Las señoras de la más culta sociedad de Turín acudieron en tan gran número que no cabía una más en el amplísimo templo. La asamblea fue presidida por el Cardenal Alimonda y asesorada por los Dignatarios de la Liga de la Buena Prensa, y por algunas personas conspicuas del Clero y de la Sociedad. S. L. Murialdo tomó por primero la palabra. En un hermoso y felicísimo discurso discurrió sobre la importancia de la Obra de la Buena Prensa, indicando que la cooperación de las damas católicas sería de imponderable valor para la misma.

    Con acopio de doctrina y argumentación sólida trazó un cuadro completo del deber que tiene la mujer de ser apóstol en la familia y en la sociedad. Les instó a que su apoyo no fuese tan sólo moral sino que bajaran al terreno de la práctica, donando, si fuese necesario, su aporte económico para promover las buenas publicaciones.

slmcapillapadressagrfamnap

10. L. MURIALDO EDITA UN BOLETÍN MENSUAL

      Se estableció en esa asamblea la publicación de un boletín para orientar mejor el trabajo de la Liga, coordinándola con los Comités Regionales. S L. Murialdo fue el encargado de editar dicha publicación y la cumplió con su proverbial seriedad. Para ello pidió consejo y dirección a la Obra S. Pablo, cuyo Rector era el Canónigo Schorderet, a quien había conocido durante un espléndido Congreso que se llevó a cabo en Mans.

      Pidió y aprovechó los consejos del Abad Bonnot quien en Burdeos editaba los célebres Tracts, o sea folletos de ilustración católica, destinados a una distribución gratuita en el pueblo. Se dirigió también al Conde de Beaucourt, Presidente de la Sociedad Bibliográfica de París, al Sr. Godofredo Kurthg, director de una sociedad similar de Lieja (Bélgica); a la Dirección del Apostolado de la Oración en Tolosa, a la Asociación Primaria de San Carlos Borromeo, canónicamente erigida en Roma para la difusión de la Buena Prensa y favorecida de muchas indulgencias por el Papa con Breve del 15 de Octubre 1871; a la Sociedad Católica Seglar para la Impresión de Buenos Libros de Palermo y finalmente al celosísimo sacerdote Don Locatelli de Milán, Miembro de la Sociedad de S. Pablo, antes mencionada.

     A este benemérito sacerdote le puso al tanto, además, de un designio suyo de convocar a un Congreso especial a todas las Organizaciones Católicas que se ocupaban de la difusión de la Buena Prensa. Dicho Boletín vio la luz pública, por primera vez, el 15 de enero de 1884. A continuación aparecería cada mes en forma de folletos de 20 páginas, impresos en los talleres tipográficos del Colegio Artigianelli. Allí se daba cuenta de la marcha de la Liga, se incluían algunas noticias de interés general y se procuraba atizar el entusiasmo por esta santa causa. Contenía además artículos valientes y sesudos contra las publicaciones destructoras, se ponía en el sitial que les corresponde a las buenas lecturas, se recordaba sin ambages, los deberes que tienen los católicos de observar las leyes de Dios y de la Iglesia, en fin, todo cuanto viniere bien para la defensa e instrucción del pueblo cristiano. Es excusado decir que entre los redactores de mayor valor y experiencia se contaba nuestro santo Fundador. Así se llegó a publicar, en forma indirecta, una especie de índice de libros buenos o malos. Este trabajo, sin embargo, resultó exorbitante para S. L. Murialdo y no pudo colaborar sino por un tiempo muy limitado. Desgraciadamente esta circunstancia bastó para que, casi de inmediato, el mencionado boletín, que tan brillante papel había desempeñado durante dos años, viniera a menos y luego, en 1885 dejara de publicarse definitivamente.

     La obra de la Buena Prensa, sin embargo, siguió adelante. En 1.893, es decir en el décimo aniversario de su fundación, se editó un Número Único en el cual se daba cuenta de las actividades de la obra en todo aquel tiempo. Por él sabemos que las bibliotecas fundadas habían subido a 94, que el número de volúmenes era entonces de 15.000 y que se habían distribuido gratuitamente, entre libros y revistas, como 40.000 ejemplares. Los gastos por otra parte sumaban 18.000 liras. Hé aquí cómo terminaba la susodicha memoria: En cuanto a nosotros, continuaremos en nuestro puesto. Procuraremos seguir regando la semilla en el campo del Padre de Familia, sin mayor pretensión que la que debe tener toda buena asociación u obra católica, tomando para nosotros la insignia de un eminente católico «Procuremos hacer un poco de bien mientras se hace tanto mal».

     La Liga sobrevive hasta el día de hoy, luchando modesta pero firme y constantemente a pesar de sus recursos económicos muy limitados. Su afán es difundir siempre más ampliamente los buenos libros entre las Familias Cristianas y, oponer a medida de sus posibilidades, una barrera a la inundación del mal. De esta manera, esta obra que le costó a S. L. Murialdo trabajo tan recio y enervante, le sobrevive, cual monumento a su celo y caridad sacerdotales.

topg  leftg rightg contg

Encuestas

Implícate: ¿Cómo te gustaría colaborar con nosotros?

OPINA
Ayúdanos a mejorar nuestro nuevo sitio web con tus sugerencias. ¡¡Escríbenos!! _____________

F@D MURIALDO
¡una excelente oportunidad de formación murialdina! ¡Inscríbete en un curso! Te sorprenderás: es sencillo, es formativo

_____________

FUNDACIÓN L. MURIALDO

_____________

Implícate
Colabora con con nosotros en proyectos sociales y de acción solidaria.

_____________

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Más información