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Carta a la Familia de S. L. Murialdo

EN CAMINO CON LOS JÓVENES

Y A LA ESCUCHA DE UN MUNDO QUE CAMBIA

     ANUNCIAMOS LA ALEGRÍA DEL EVANGELIO

COMPARTIENDO EL CARISMA

Roma, 8 de septiembre de 2017

Natividad de la Bienaventurada Virgen María

El tema del capítulo general del 2018 en Quito

Estimados hermanos y hermanas,

            durante la Conferencia Interprovincial celebrada en Ciudad de México el pasado mes de junio hemos elegido el tema de nuestro próximo Capítulo General del 2018.

            Me agrada compartirlo con la Familia de Murialdo porque, como ya se ha escrito, a estas alturas, ya no podemos imaginarnos sin vosotros, pero también porque contamos con certeza con vuestra cercanía y participación e, incluso, porque el tema os interesa personalmente.

Las palabras claves son camino – escucha – anuncio – compartir; el punto central y fundamental es el anuncio de la alegría, el corazón del Evangelio.

El icono bíblico más adecuado al tema nos ha parecido, casi naturalmente, el de los discípulos de Emaús.

Hemos elegido el versículo 15 del cap. 24 del Evangelio de Lucas (“Se acercó y caminó con ellos”), pero en realidad toda la página ilustra muy bien nuestro tema, porque aquella fue para los discípulos y para Jesús una experiencia de camino, de escucha, de anuncio y de compartir.

Las cuatro palabras clave - camino – escucha – anuncio – compartir - son “palabras abiertas”, comprometen en la relación y en el encuentro con el otro y describen un estilo de vida en el que no somos “individuos” sino “personas”, o sea seres en relación.

 

Junto a estas palabras claves, que expresan nuestro estilo relacional, nuestro modo de vivir como hermanos y nuestro modo de ser discípulos y misioneros, el tema indica con sencillez y claridad nuestros referentes fundamentales: jóvenes, mundo, Evangelio, carisma.

Y todo esto viviendo, anunciando y difundiendo la alegría del Evangelio: alegría de caminar con los jóvenes y de quererlos, alegría de escuchar a un mundo que cambia sabiéndolo bendecir, y alegría de compartir el carisma y de generar vida.

Si tratamos de relacionar las palabras claves y los referentes fundamentales en la oración, en la reflexión y en el compartir mutuo podremos obtener tantos caminos muy concretos para evaluar y replantear nuestra vida personal, comunitaria y también institucional.

“Anunciamos la alegría del Evangelio”

 

Anunciar la alegría del Evangelio es lo que da sentido a nuestra vida, es nuestra misión, nuestra identidad en la Iglesia, nuestra profecía.

Este compromiso centra nuestra vida personal y comunitaria en la evangelización y en la misión, nos obliga a salir de nosotros mismos, de una lectura excesivamente replegada sobre nuestras personas y problemas, nos lanza al mundo que necesita este anuncio de alegría, esperanza y consolación; nos transforma en “iglesia en salida”, como dice el Papa Francisco.

El anuncio del Evangelio, lo sabemos y lo hemos experimentado, no es ante todo una cuestión de transmisión de verdades y contenidos, sino de testimonio, acogida, escucha, benevolencia, camino… el estilo de vida de Jesús.

Dios nos ama: ¡éste es el anuncio de la alegría del Evangelio!

Anunciar la alegría del Evangelio es nuestra profecía como consagrados josefinos.

Hemos recibido y recibimos cotidianamente inmensos dones del amor misericordioso del Señor, ¿cómo no rebosar de alegría, sin reversarla a quien vive a nuestro alrededor?

 La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús” (EG, 1).

 “En camino con los jóvenes”

 La palabra camino nos es a todos muy concreta y evocativa al mismo tiempo.

Nos lleva a pensar en el sendero, encuentros, fatiga y alegría, en el tiempo, pasado y por venir, en los día y noches, en el dejarse y reencontrarse, en las despedidas y llegadas, en la soledad y en la compañía.

Caminando te fijas en los que no tienen fuerzas, escuchas a la naturaleza, contemplas lo esencial, respetas el ritmo de los demás; caminando descubres tu ritmo, mejor dicho, eres un ritmo.

El ícono elegido para el capítulo general es verdaderamente ejemplar en este sentido: Jesús alcanza a los dos caminantes de Emaús y luego calibra su paso con el suyo, para preguntarles y responder, para dialogar con ellos.

Para todos nosotros, hijos de Murialdo, el camino de la vida, de la fe y de la consagración es una experiencia que tenemos que vivir con los jóvenes.

Este “con” evoca nuestro estilo específico: “amigos, hermanos y padres”, con las actitudes de la acogida, de la comunión y compartiendo con ellos la vida cotidiana.

“A la escucha de un mundo que cambia”

  Es evidente a todos el cambio rápido del mundo.

Se refiere a todos los aspectos de nuestra vida, a nuestra cultura, relaciones, antropología. Es un fenómeno rápido y complejo: difícil de describirlo definitivamente y más aún de interpretarlo.

Pero ésta es la característica de nuestro tiempo, un kairos que hay que contemplar con benevolencia, amar y bendecir.

El tema capitular nos solicita a acoger con serenidad la realidad del mundo que cambia, sin miedo ni preocupación, con fe y apertura. Nos solicita a hacer de la escucha el estilo de anuncio de la alegría del Evangelio.

Escuchar es un gesto de respeto y atención, es tiempo dado a la vida de los demás, es espacio de la mente y del corazón abierto a lo que nos interpela y tal vez nos inquieta, y es disponibilidad a cuestionarnos, a evaluar nuestras ideas o certezas.

Escuchar profundamente es poner en marcha procesos personales de conversión, de discernimiento personal y comunitario, de formación continua, de reproyectación pastoral.

 

“Compartiendo el carisma”

 La referencia al carisma, el compromiso de profundizarlo y compartirlo con otros hermanos y hermanas, de apasionarnos cada vez más de este don que el Señor nos ha otorgado, la conciencia de no ser propietarios ni padrones, son los temas de nuestro camino y de nuestro crecimiento durante estos años.

Es un camino que hemos recorrido con la Iglesia del postconcilio, a partir de la común vocación bautismal y de la comunión de las vocaciones.

El tema del capítulo nos exige que éste sea nuestro modo específico de anunciar la alegría del Evangelio.

Hemos caminado tanto, pero radicarlo en el anuncio de la alegría del Evangelio nos dará la convicción y el coraje para seguir dando nuevos e importantes pasos.

 Os saludo a todos con sincera cordialidad y confío nuestro camino durante el período capitular al Espíritu Santo, bajo la intercesión de nuestro padre Fundador y del Beato Juan Schiavo, su hijo y nuestro hermano.

             Recemos recíprocamente los unos por los otros

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